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  • Nunca y digo nunca hables mal de tu ex a tus hijos e hijas. Si te quieres desahogar habla con una amiga o amigo. Ten en cuenta que tenemos que tener a los hijos al margen de todos los conflictos matrimoniales. He conocido casos donde, al incluir a los hijos en el conflicto matrimonial, las cosas han acabado mucho peor, ya que los hijos, una de dos o se posicionan a favor de un cónyuge y en contra del otro, o los hijos pasan de los dos, echándoos en cara cosas muy desagradables e hirientes, y, haciendo que la familia ya de por si maltrecha, acabe de la peor manera posible, en los juzgados o con odios y resentimientos de por vida y eso no es sano mentalmente para nadie.
  • Ten en cuenta que cuando interpongas una denuncia de maltrato a tu ex, o incluso sin denuncia, habrá amigos/as que se posicionarán, para tu sorpresa, quizá en favor de tu cónyuge y eso te dolerá, ya que creías que ese amigo/a lo era. Que sepas que cuando hay un conflicto familiar la gente de nuestro alrededor empezará a opinar, a meterse directa o indirectamente, dando por sentado cosas y hechos que ellos desconocen y que te pueden hacer mucho daño dichos comentarios.
  • Tienes que ser fuerte mentalmente y gestionar emocionalmente todas las cosas y comentarios que vas a tener que oir. Sería imprescindible que hablaras con un coach o un psicólogo quien te dirigirá y calmará, en cierta medida, tanto dolor y desazón.
  • Recuerda: “No hay mal que cien años dure” y con el tiempo todo se va arreglando. Poco a poco, conseguirás ser la persona que siempre soñaste. La vida, lo que nos pasa, es un aprendizaje continúo. Nos hace más fuertes, más sabios y más cautos.
  • Los hijos son de los dos, del hombre y de la mujer. Si los niños no han sufrido maltrato físico, ni psicológico, esos hijos tienen todo el derecho a ver a su padre o a su madre. Recuerda: el conflicto es del papá y de la mamá. A los hijos hay que dejarlos fuera de la contienda. Malmeter a los hijos sólo os llevará a tener más sufrimiento. Hacéis sufrir a vuestros hijos dejando en ellos un poso de amargura, llegando muchos hijos a bajar sus calificaciones escolares, volverse agresivos o sumisos con sus compañeros y amigos, etc. Los hijos son sagrados. Deben ver a los dos progenitores por separado. Que los vínculos padre-hijos, madre-hijos no se rompa jamás, pase lo que pase. Los hijos son para siempre. La pareja a veces no es para siempre. Y eso es lo que tenemos que saber.

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